La Práctica de Movimiento

El movimiento físico puede ser una herramienta muy poderosa no sólo para mantener una salud física, sino para desarrollar conciencia, estar en el presente, encontrar equilibrio, conocerte a ti mismo y sentir conexión con los demás y el entorno.

De hecho cómo nos movemos, cuánto nos movemos y para qué nos movemos tiene un gran impacto en nuestra vida afectando nuestra personalidad, el tipo de pensamientos que tenemos, las relaciones que tenemos con los demás, nuestra actitud, el ritmo de envejecimiento, nuestro nivel de energía, miedos, etc.

El Cuerpo Piensa

El cuerpo contribuye a nuestras vidas mucho más que las cualidades físicas como fuerza y resistencia. El cuerpo tiene un rol primordial en las emociones, el aprendizaje, en las relaciones interpersonales y en la relación con el entorno. El cuerpo está íntimamente ligado a todos tus procesos de pensamiento, entendimiento y toma de decisiones.

En realidad parte de la confusión viene porque nuestro lenguaje hace una distinción y divide el cuerpo en dos entidades: cuerpo y mente. Cuando en realidad no debería haber ninguna distinción ya que mente y cuerpo están radicalmente interconectados y son interdependientes. Cómo y cuánto te mueves moldea tu forma de pensar e influye en tus capacidades mentales. Además tus células, hormonas y microbiota también influye en la toma de decisiones. Y, a su vez, los pensamientos que tienes moldean la postura que tomas, la forma en que te mueves y cambian la química de tu cuerpo.

El Movimiento es una necesidad biológica

Comenzamos ya a movernos en el útero y seguimos nuestro programa biológico de movimiento a lo largo de la etapas de desarrollo infantil. El primer aprendizaje que hay que adquirir es el corporal. Vamos formando la propia personalidad a través del movimiento porque es fundamental para las necesidades biológicas, intelectuales y socio-afectivas.

Si te das cuenta, nadie nos enseña a movernos de bebés, ni a rodar, girar, gatear, caminar, hacer equilibrio o saltar. Puede que nuestros tutores nos asistan, pero no nos enseñan, ya que se trata de movimientos innatos grabados en el programa biológico de nuestra especie y que desarrollamos de manera instintiva y progresiva.

A través de este programa natural, desarrollamos la musculatura, ampliamos rango de movimiento articular, aprendemos a caernos, a transicionar de un movimiento a otro, a coger peso, balancearnos, girar, tirar, empujar y un largo etc. No necesitamos un entrenador personal que nos ayude a progresar, ni un horario de entrenamiento. A esas edades somos capaces de descubrir el movimiento instintivamente y nuestro objetivo principal es desarrollar un cuerpo fuerte que sea capaz de afrontar los retos físicos de la vida.

En la sociedad moderna este desarrollo de las habilidades físicas innatas encuentra una brusca parada cuando llega la edad de escolarización. A partir de entonces, todos los recursos se vuelcan en el aprendizaje intelectual y se introduce un limitado programa de educación física enfocado principalmente en la especialización deportiva y la competición.

Los programas de educación física no están diseñados para entrenar a los jóvenes a desarrollar toda la gama de habilidades físicas naturales como correr, saltar, lanzar, gatear, trepar, hacer equilibrio, nadar, cargar peso y defenderse. En su lugar, nos fuerzan desde pequeños a realizar juegos deportivos reglamentados. Con este método se desarrollan habilidades físicas especializadas y no habilidades físicas globales. 

Para cuando terminan el colegio, los jóvenes acaban fisicamente deficientes y sin habilidades físicas equilibradas. Una minoría acaba disfrutando del deporte, pero la gran mayoría desarrolla aversión e incluso trauma hacia la actividad física (noticia y estudio).

¿De qué sirve crecer con un cuerpo que no es fuerte, adaptable, coordinado, capaz, estable, ágil y equilibrado? ¿Acaso no es con el cuerpo con lo que vamos a enfrentarnos a todas las demandas físicas, emocionales y mentales en la vida?

Hemos creado una sociedad que se ha olvidado de nuestro derecho humano a desarrollar la amplia variedad de movimientos que pertenecen a nuestra especie y que sirven precisamente para que el organismo funcione óptimamente.

Ser sedentario se ha vuelto normal. El humano moderno se permite el lujo de preguntar ‘¿correr? ¿para qué? ¿trepar? ¿para qué?’ Todo está accesible. No hay necesidad de moverse. La mayoría del tiempo habitamos espacios que no requieren del cuerpo y la relación entre cuerpo y movimiento es ignorada u olvidada.

“Estamos diseñados a crecer fuertes y envejecer con gracia. Reclamar movimiento auténtico es el punto de partida.” — Gray Cook

En menos de dos generaciones, la actividad física ha disminuido alarmantemente y la OMS publica cifras escalofriantes sobre todo acerca de la falta de actividad física en la población joven.

Este modo de vida tiene como consecuencia una profunda desconexión con el cuerpo. Parándonos a escucharlo solo en esos instantes que emite señales de dolor. Prácticamente hemos traicionado nuestro cuerpos, ignorándolos y usándolos meramente como transporte locomotor y como objeto de fines estéticos.

Si tu eres de los que haces deporte o ejercicio y no te sientes identificado con esta afirmación, sigue leyendo…

El Ejercicio y el Deporte son Opcionales

Si. Has leido bien. 

Primero aclaremos la diferencia entre estos términos:

Movimiento es cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que den como resultado un gasto energético.

Ejercicio es movimiento planeado, estructurado, repetitivo y dirigido hacia un objetivo.

Deporte es ejercicio en un entorno reglamentado y competitivo.

Segundo, vamos a hacer una mirada al pasado para ver de donde viene eso de hacer ejercicio.

A partir de la Revolución Industrial comenzamos a tener una relación diferente hacia el movimiento físico influenciado por el cambio a un estilo de vida más sedentario, la aparición de máquinas para hacer ejercicio y la necesidad de estar en forma como orgullo nacional para luchar guerras.

En los años 70 se produce una verdadera explosión del fitness y la expansión de los gimnasios gracias al fisioculturismo y el aérobic. El estar en forma se convierte en una industria multimillonaria que vende máquinas, aparatos, ropa, pastillas, programas, sistemas y promesas para alcanzar un tipo de cuerpo que la misma industria marca como el cuerpo ideal. Para ellos un cuerpo musculado (sobre todo el tren superior) y para ellas un cuerpo tonificado (delgado y duro, sin apenas trabajo de tren superior).

La división de género es tan descarada en los gimnasios que se divisan bien claras las zonas que se llenan principalmente de hombres tratando de crecer músculo, mientras las mujeres llenan las clases de grupo para hacer trabajo aeróbico y tonificar. Jamás ha habido tanta diferenciación a la hora de moverse. Eso si, ambos con un objetivo común: mejorar la estética corporal.

Con la industria del fitness y el auge del deporte de competición, se tuerce nuestro entendimiento sobre lo que significa el movimiento físico. Lo hemos convertido en una obligación o tarea con un fin estético. Nos hemos convencido que con hacerlo tres veces por semana, hemos cumplido con el compromiso de mover el cuerpo.

“Para el resto de los animales, el movimiento no es un deber, ni un castigo por ser perezoso o estar fuera de forma, ni una actividad opcional para simplemente ser más atractivo” — Erwan Le Corre

Ni el deporte ni el fitness desarrolla habilidades reales. Se limitan a desarrollar ejercicios aislados que nos convierten en expertos en movimientos que no tienen ninguna aplicación práctica y son limitados. Levantar pesas, hacer elíptica, bailar zumba o jugar al fútbol nos hace competentes a exactamente eso. No nos ayuda a desarrollar la amplia variedad de movimientos que pertenecen a nuestra especie y que son una necesidad biológica, o sea, esenciales para que el cuerpo siga equilibrado y sano.

“La mente del especializado es esclava de su especialización” —Mokokoma Mokhonoana

No estoy diciendo que no se pueda hacer deporte o fitness, sobre todo si realmente lo haces porque te gusta. Estoy diciendo que si lo haces, no te olvides de complementarlo con movimientos que te ayuden a mantener y desarrollar todas tus cualidades físicas naturales. Cuanto más te especializas, más cierras tu amplitud y rango de movimiento y más pones tu cuerpo en una situación de riesgo ante descompensaciones y lesiones.

Otro fallo de la industria del fitness es que no ha conseguido que el público valore, practique y disfrute del ejercicio físico. Salvo algunas excepciones, creo que el fitness ha contribuido a extender una percepción muy limitada de lo que significa el movimiento físico para el cuerpo. Es algo que se hace en un horario, parte de una obligación, y no como una expresión natural de quienes somos.

Completar una rutina física para alcanzar un objetivo externo sin disfrutar del proceso es ingenuo, de corta previsión e insostenible.

En general, hoy en día la gente está poco motivada para mover el cuerpo y ponerse en forma. Vivimos en una sociedad donde la poca habilidad física y estar fuera de forma es una cosa normal. 

Hemos perdido claridad, practicalidad y naturalidad a la hora de movernos.

“El cuerpo será bueno a lo que hagas, o a lo que no hagas. ¿No te mueves? El cuerpo te hará bueno a NO moverte. Si te mueves, el cuerpo permitirá más movimiento” — Ido Portal

Expande tu Vocabulario de Movimiento

Si eres como la mayoría de las personas en este planeta, lo más seguro es que no estás ganando todo tu ingreso compitiendo en deportes o en alguna disciplina de fitness. Entonces, ¿Por qué solo entrenas y juegas ese deporte o realizas la misma disciplina de ejercicio? ¿No piensas que sería mejor intentar tener la musculatura más equilibrada, tener un mayor rango de movilidad y ser más resiliente ante lesiones?

Una vez que recuperes los movimientos naturales básicos, especialízate en el arte de ser un generalista. Explora y experimenta diferentes tipos de baile, artes marciales, capoeira, breakdancing, escalada, disciplinas de circo, etc. Todo esto te sacará de tu zona confort de movimiento y a moverte en diferentes planos de movimiento. No tienes que hacer una de estas prácticas por el resto de tu vida, de hecho es mejor que cambies. El cuerpo y el cerebro agradecen variedad y novedad. 

Cuando expandes tu capacidad de movimiento, no solo comenzarás a moverte mejor sino que disfrutarás más. Dejarás atrás ese miedo de parecer un loco/a y comenzarás a disfrutar del movimiento como hacías de pequeño/a.

Y cuando recuperas ese disfrute y libertad de movimiento, desaparece esa esclavitud de tener que hacer ejercicio para satisfacer egos, copiar a otros o aparentar estar en forma. 

“El futuro pertenece a aquellos que aprenden más habilidades y las combinan de manera creativa.” —Robert Greene

Cultiva tus Habilidades Naturales

A través de prácticas y disciplinas basadas en movimiento, puedes recuperar esos movimientos innatos que llevamos programados en nuestra biología y que son la base para tener un cuerpo realmente saludable. Todas estas habilidades se pueden cultivar a cualquier edad, respetando el cuerpo y de manera progresiva.

Para formar una buena base, primero comienza por las habilidades fundacionales y progresa hacia arriba. Una vez que logras cubrir todo ese rango de habilidades a un nivel base, comienza a progresar hacia afuera, es decir, desarrollando movimientos más complejos y específicos dentro de cada habilidad. Por ejemplo, en la habilidad de coger y trasladar peso puedes comenzar aprendiendo como agacharte con la cadera y en la habilidad de trepar puedes comenzar colgándote de una barra.